Son los labios que nunca ha probado,
los brazos que nunca la han estrechado.
Los causantes de que no concilie sueño
tras el ocaso.
Son sus lágrimas en vano,
pues ella está pequeña y perdida
echa un ovillo,
tras el ocaso.
Demasiado tarde.
Demasiado temprano.
Para llorar lo que no se tubo,
ni se ha perdido.
Le entregaría su alma.
¿Pero saben qué?
Se la regaló al diablo,
ingenua , inconsciente.
Ciega de engaño.
Su alma,
su mente,
su corazón,
su inocencia.
Absolutamente todo está destrozado.
Pero ella a ti ingenua esto te entregaría
sin miedo a qué le hicieras daño.
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